Navidad Negra

Se denomina Navidad Negra o "Noche de Rifles" a un episodio de la guerra de independencia de Colombia, durante la Campaña de Pasto, en que la ciudad de Pasto y sus habitantes recibieron represalias por permanecer fieles a los realistas; el mariscal Antonio José de Sucre tenía instrucciones directas de Simón Bolívar de arremeter contra la población civil sin consideración alguna.[1]

Navidad Negra
Lugar San Juan de Pasto, provincia de Popayán, Virreinato de Nueva Granada
Actual Pasto, Nariño, Colombia
Blanco(s) Civiles pastusos
Fecha Navidad de 1822
Tipo de ataque Asesinato masivo, Masacre
Arma(s) Armas de fuego, bayonetas
Muertos Número desconocido
Heridos Número desconocido
Perpetrador(es)  Gran Colombia (Batallón Rifles)
Motivación Campaña de Pasto

Antecedentes

Gran parte de la provincia de Pasto eran indígenas, comunidad que vieron amenazados sus intereses por el ascenso criollo y su búsqueda por el fin de la autoridad del Rey y las leyes de indias de la corona española, las cuales protegían sus tradiciones y propiedad de tierras en la Sociedad política indiana.[2] Una vez comenzada la guerra de independencia, la ciudad de San Juan de Pasto se opuso a la república de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en 1811. Luego, el ejército de Pasto ayudó a restaurar la soberanía de la Monarquía el 20 de mayo de 1812, por medio de milicias formadas por la población local, donde había muchos indios y negros, casi sin ayuda de la metrópoli peninsular (ocupada en combatir a Napoleón en la Guerra Peninsular). Aquella feroz resistencia generó mucha molestia en los gobernantes colombianos y surgieron algunas voces jacobinas que buscaban masacrar a la población como castigo.

Siendo así, el nuevo gobierno republicano, de las Provincias confederadas de Nueva Granada, quedó irritado por la resistencia de la ciudad, y tras ser notificados de la pérdida de esta localidad de vital importancia (puesto que era un punto estratégico para ingresar al Estado de Quito y enfrentarse al Ejército Real del Perú, Bolívar por ello veía a Pasto como la puerta del sur[3]), decidieron enviar una carta en julio de 1812 (a través de la Gobernación de Popayán) al cabildo de Pasto, por el cual, con el tono muy amenazante de la misma, ya se daban signos de que el gobierno de la junta de Santa fe de Bogotá estaba dispuesto a dejar reducido a cenizas al estúpido e ingrato pueblo pastuso:

“La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de este Gobierno, después que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones de Patía, y tiemblen esos hombres de escoria y de oprobio que se han erigido en cabezas de la insurrección de los pueblos. Una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. Ella será víctima del furor de un Reino entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla. Las tropas belicosas de las provincias confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto y sólo podrá evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las personas del Presidente, oficiales y soldados, pérfidamente sorprendidos, y entregando todas las armas. Decídase, pues, ese Ayuntamiento: ésta es la primera y última intimidación que le hace este Gobierno, justamente irritado, de la Provincia de Popayán.”

Ante las constantes invasiones por el rechazo de la población a subordinarse a la junta revolucionaria, el 4 de abril de 1814, el ayuntamiento de Pasto hizo una declaración bien clara sobre sus razones: “Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación...”. Para definir el profundo Fideísmo en Pasto, el escritor Alfredo Cardona Tobón expuso:

“Los pastusos han sido pacíficos, creyentes y profundamente respetuosos de la autoridad y de las tradiciones, pero cuando se ha atentado contra sus principios no han dudado en tomar las armas para defenderlos. A principios del siglo XIX, Pasto estaba aislado de las corrientes de la ilustración, no le interesaba cambiar al rey y le aterrorizaban los librepensadores; sus reivindicaciones eran otras: una administración independiente de Quito y Popayán, el asiento de un obispado y el establecimiento de instituciones educativas para sus hijos. Por otro lado los indígenas veneraban al rey y a los dirigentes pastusos no les convenía un cambio que perjudicara sus intereses”.

Sin embargo, el día del 6 de abril de 1814 (un miércoles santo), poco después de que las tropas republicanas saquearan y fundieran los sacros bienes de las iglesias de Popayán, el general Antonio Nariño, ante la terquedad de los pastusos por no aceptar el nuevo orden político de la Revolución, respondió al ayuntamiento con una macabra amenaza en la que declaraba que, si la población no se anexaba al nuevo gobierno, Pasto iba a quedar destruida:

“por última vez digo a Usía muy Ilustre, que si se me hace un solo tiro, fiados en la indulgencia que he usado en todos los pueblos de mi tránsito, Pasto queda destruida hasta sus fundamentos…Es preciso que antes de romper el fuego, se decida abiertamente a hacer causa común con nosotros o a quedar destruida, y destruida de un modo que nunca jamás pueda volver a ser habitada…”

Casi una década después, tras el colapso del Virreinato de Nueva Granada y el ingreso de tropas venezolanas en apoyo a los republicanos de Bogotá, se produjo la Batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822, a 50 km de Pasto. Las tropas realistas, lideradas por el coronel Basilio Modesto García, derrotaron al ejército dirigido por Simón Bolívar, a pesar de su inferioridad numérica y tecnológica. Sin embargo, por esta misma inferioridad, y tras saber de la derrota de los realistas quiteños en la Batalla de Pichincha, los dirigentes realistas consideraron que no era prudente seguir con su resistencia, pues estaban impedidos de obtener refuerzos humanos o económicos del Perú o España vía Quito (además de estar rodeados con tropas enemigas por el norte y sur). Así que, buscaron la capitulación de la localidad de Pasto. No obstante, la derrota sufrida por Simón Bolívar quedó grabada en su consciencia como una grave humillación a su ego, siendo indigno para él y su ambición de gloria el que lo vencieran unos milicianos indígenas con menor preparación e inferioridad numérica, al grado que los patriotas a su mando intentaron modificar el relato de la batalla, que quedó en tablas, para dejar como ganador indiscutible a Bolívar en lo que fue una Victoria pírrica. Aquella ira que acumulaban los patriotas, luego de años de derrotas, sería también adoptada por Bolívar en un deseo personal de revancha.

El 8 de junio de 1822, con una hipócrita actitud pacifista, Bolívar ingresó a Pasto por medio de una negociación con las élites, mas no con sectores populares[4], así lo nombra Bolívar en una de sus cartas:

“… estos hombres son los más tenaces, más obstinados […] la voluntad del pueblo está contra nosotros, pues habiéndoles leído aquí mi terrible intimidación, exclamaban que primero pasarían sobre sus cadáveres, que los españoles los vendían y que preferían morir a ceder […] Al obispo le hicieron tiros porque aconsejaba la capitulación. El coronel García tuvo que largarse de la ciudad, huyendo de igual persecución. Nuestra división está aquí, y no hace una hora que me ha pedido de Colombia, por temor de los pastusos. Hasta los niños, con la mayor candidez, dicen que qué han de hacer, pero que ya son colombianitos. En este instante me lo está diciendo una niñita, pero con mucha gracia”[5].

Se presentó una rebelión el 22 de octubre de 1822 por parte de restantes de tropas realistas a cargo del general Boves con apoyo de guerrillas fieles al rey. El nuevo alzamiento de la ciudad fue la excusa perfecta para planificar su venganza contra los pastusos y “Barrer de la faz de la tierra su raza infame”, así que Bolívar envió tropas a cargo del Mariscal Sucre para confrontar la situación, las tropas patriotas vencieron a los realistas en la Cuchilla de Taindalá el 22 de diciembre y en el Guáitara el 23 de diciembre.

Hechos ocurridos

A pesar del vencimiento obtenido por tropas "patriotas", había órdenes de Simón Bolívar que indicaban que la ciudad de Pasto fuera tomada por tropas comandadas a cargo de Antonio José de Sucre el 24 de diciembre de 1822 y tomar represalias contra su población.[1]

Durante tres días los soldados patriotas del batallón Rifles saquearon la ciudad (no solo fueron expoliados los edificios públicos, también los vecinos y las iglesias) destruyeron archivos públicos, libros parroquiales, entre otras propiedades; además, asesinaron a más de 400 civiles hombres, mujeres, ancianos y niños, una cuarta parte de la población, en una orgía llena de muerte, destrucción y pillaje.[6][7][8]

"Noche mala en vez de Nochebuena, fue para la Pasto realista la del 24 de diciembre de 1822. Casa por casa la ciudad fue tomada por los patriotas. Los guerrilleros caían por docenas cada minuto", relata el proyecto Señal Memoria, de la red de medios públicos colombianos.[9] "Se vengaron implacablemente!,,unos rendidos, otros heridos, todos fueron muertos. Familias enteras desaparecieron", [...] "Penetraron a caballo a la iglesia de San Francisco y ultimaron a todos los asilados, incluyendo mujeres y niños", (Tomado del relato de la serie "Colombia ayer, Colombia hoy", presentado en radio en 1970).

Ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, llegaron a servir de protección para sus refugiados que esperaban que las tropas tengan algo de consideración por los recintos sagrados, los cuales se volvieron escenarios de crímenes horrorosos lleno de anticlericalismo. Ejemplo es el caso de un sacristán anciano (mayor de 80 años), quien fue obligado a poner su cabeza en la pila bautismal, donde Apolinar Morillo (futuro asesino de Sucre) le dio una muerte grotesca, al tirarle una mole de adobe, por el cual se mancho de sangre todo el templo. La caballería entonces ingreso, con total frialdad, para despojar de sus ornamentos, y otros tantos bienes de valor, a los sagrados y venerables iconos de las vírgenes y los santos.

También se relata que en la Plaza de Nariño, soldados ebrios y sinvergüenzas fueron a abusar sexualmente de las mujeres en plena calle. De acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres, incluida las niñas y ancianas, fueron víctimas de abusos sexuales. Ni las monjas en los conventos estaban a salvo de aquella orgía libidinosa. Lo más horrible de todo fue que varios de los soldados procedían a degollar de maneras macabras a las indefensas mujeres tras satisfacer sus caprichos más hedonistas. Se relata que incluso empalaban a los bebes de las madres en las bayonetas para que dejen de llorar.

Respecto a los muertos, en las calles se acumuló una cantidad aproximada de 500 cadáveres, la mayoría teniendo el cuello cortado y otra clase de fracturas. A los pocos días, el olor pestilente de los muertos fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres (por miedo a poder convertirse en uno de ellos), pues que los soldados colombianos hacían lo que les daba la gana en el pueblo por no tener riesgo alguno de recibir represalias de las autoridades complacientes.

Consecuencias

Nueve días después, el 2 de enero de 1823 Bolívar entra a Pasto, ahora con una actitud más desafiante, y queriendo restregar su victoria a los sobrevivientes, convocó a la población de Pasto a que vayan a jurar la nueva constitución de la República de Colombia. Sin embargo, aquello fue el pretexto para una coartada tramposa con el que buscaba castigar a la población, puesto que se realizó apresamiento masivo. Siendo así, reclutó 1.000 pastusos contra su voluntad para que participen en las Campañas del Sur, ese millar sería enviado a Perú, otros 300 serían trasladados a Quito y Guayaquil, Muchos fallecieron en el trayecto, o como represalia por intentar amotinare. También se ejecutó sumariamente a varios prisioneros y líderes rebeldes. Finalmente, Bolívar dio un decreto arbitrario sobre confiscación de bienes, además de imponer una contribución de 30.000 pesos, además de ganado para el ejército y 2.500 caballos para los jinetes. También se utilizó el llamado “matrimonio cívico” consistente en lanzar parejas de indios a las aguas del Guáitara así ahorraban municiones.[10]

Daniel O´Leary quien era secretario privado de Bolívar, en manera muy general a lo ocurrido el 20 de enero de 1823 en sus escritos llamó a esa fecha como el “Día de la Jura”, cuando de manera engañosa el general Salom fingiendo compasión por los vencidos los convocó a reunirse en la plaza de la ciudad, a jurar fidelidad a la constitución,[11] pero su verdadera intención era reclutar gente joven a la fuerza y enviarla a pelear al Perú.

En carta escrita por Bolívar al general Santander fechada el 30 de enero de 1823, se encontró el siguiente texto:

«El famoso Pasto, que suponíamos tan abundante de medios, no tenía nada que valiera un comino; ya está aniquilado sin mucho empeño»[12].

Aparte de las terribles perdidas humanas y económicas que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas revolucionarias, la ciudad terminó con un irreparable daño cultural, donde los documentos quemados por los colombianos generaron la pérdida de gran parte la memoria histórica de esta región, por lo menos unos 3 siglos de archivos, que perecieron en las hogueras de la violencia y la barbarie, como lo dice el historiador y filósofo pastuso, José Rafael Sañudo:[13]

«Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe».

Instrucciones militares después a la masacre

Los bienes y propiedades de los Pastusos que habían sido expropiados en las confiscaciones, terminaron siendo distribuidas entre los militares de la Gran Colombia, todo bajo órdenes de Bolívar y la complicidad de las nuevas autoridades republicanas.[14]

La violencia ejercida por tropas del Mariscal Sucre, decretos dictados por Bolívar, órdenes asumidas por parte de los generales Bartolomé Salom y Juan José Flórez, incluyeron en represiones, fusilamientos, asesinatos y conscripciones forzosas, que se convirtieron en factores que produjeron una fuerza aún mayor y generalizada encabezada por líderes como Agustín Agualongo, quien hizo huir a Flórez con destino a Popayán, Bolívar regreso y derrotó a Agualongo el 17 de julio de 1823 en Ibarra, posteriormente a ese evento Bolívar dictó instrucciones a Bartolomé Salom:

“Marchará Usted. A pacificar la Provincia de Pasto. Destruirá Usted. a todos los bandidos que se han levantado contra la República. Mandará Usted. partidas en todas direcciones, a destruir a esos facciosos. Las familias de todos ellos vendrán a Quito, para destinarlas a Guayaquil. Los hombres que no se presenten para ser expulsados del territorio serán fusilados. los que se presenten para ser expulsados del país y mandados a Guayaquil. No quedarán en Pasto más que las familias mártires por la libertad. Se ofrecerá el territorio a las familias patriotas que lo quieran habitar. Las propiedades privadas de estos pueblos rebeldes, serían aplicadas a beneficio del ejército y del erario nacional. Llame Usted. al Coronel Flórez para que se haga cargo del gobierno de los Pastos, etc.[15]”.

La agresión de líderes militares "patriotas" en Pasto hasta 1826

El historiador pastuso, Emiliano Díaz del Castillo, cuenta que se siguieron dando hechos muy oscuros tras la navidad trágica, por ejemplo: El lanzamiento de unas 14 mujeres pastusas (quienes eran esposas de líderes prominentes de la ciudad), desde el Puente de Tacuaya al río Guaítara, durante el 23 de enero de 1823. Otro ejemplo es el exilio, a la ciudad peruana de Piura, de varias mujeres pastusas, y sus hijos, que intentaban defender al pueblo contra las agresiones del ejército bolivariano a los sobrevivientes de la masacre.[14]

A inicios de 1824 en la región de Pasto ya muy devastada, se levantaron las guerrillas y las comunicaciones entre Popayán y Quito se cortaron. El comandante Juan Barreda dio las siguientes instrucciones a Jesús Barreto para atender la situación:

"desde Pastos adelante, cuanto hombre se encuentre, y más si son indios e indias, deben ser sacrificados a la veganza de nuestras armas, pues he experimentado que todos son nuestros crueles enemigos, y de ello a nuestra vista impondré a V.S. Esto mismo tengo hecho presente a nuestro benemérito señor general Salom. Nuestros infieles prisioneros fueron víctimas de los bárbaros, por lo que no se debe dar cuartel a ninguno, aunque no se hallen con las armas en la mano. Todo debe ser secuestrado sin oír reclamaciones pues todos son unos alzados canallas que nos han hecho la guerra más cruel".[16]

Entre textos de Bolívar respecto a como continuar el trato de la situación en Pasto, pasado un tiempo de lo corrido en 1822, aún se continuaron encontrando palabras como:

“Logramos, en fin, destruir a los pastusos. No sé si me equivoco como me he equivocado otras veces con esos malditos hombres, pero me parece que por ahora no levantarán más su cabeza los muertos”, (Carta de Simón Bolívar al general Francisco de Paula Santander, Quito, 21 de julio de 1823)[17].

Para el año de 1825:

“Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos, aunque demasiados merecidos ” (Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, Potosí, 21 de octubre de 1825).[18]

A pesar de que la intención fuera pacificar Pasto, bajo el gobierno de Flórez los abusos y fusilamientos, los reclutamientos se convirtieron en un acto cotidiano con esto se mantuvo la provincia alterada hasta 1826, con la llegada del general José María Obando que se hizo cargo se pudieron dar más garantías a la vida de los pobladores en la región.[19]

Críticas de los contemporáneos

La Navidad Negra de Pasto fue una masacre y expolio de tal magnitud que muchos protagonistas de la gesta independentista, incluido el círculo personal de Bolívar, criticaron intensamente a Antonio José de Sucre por su tolerancia a tales atrocidades hacía una población ya derrotada, pues era muy evidente la violación a códigos éticos militares implícitos, del derecho de gentes, con respecto al trato a las poblaciones civiles y prisioneras de guerra por el ejército ocupante. El general José María Obando y el voluntario irlandés Daniel Florencio O'Leary dedicaron las siguientes palabras:[cita requerida]

“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad ejecutados contra un pueblo entero que de boca en boca ha transmitido sus quejas a la posteridad”
José María Obando
“[…] en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”
Daniel Florencio O'Leary

José María Córdova alarmado por este gravísimo error político e histórico lleno de una absurda violencia, que de hecho nunca debió ser permitida, le pidió a Sucre que cesara la matanza. Ante su fuerte insistencia, ordenó Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los del “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses.[13][20]También reforzaron las críticas el hecho de que aún estaba en vigor el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, firmado el 26 de noviembre de 1820, donde se estipulaba que los municipios que fuesen ocupados por tropas militares de Colombia tenían que ser (en teoría) bien tratados y respetados sus derechos. No estándose poniendo en práctica (al menos de iure) la controvertida estrategia de Guerra a muerte (que de facto se aplico).

De esa nefasta Navidad de 1822 se han transmitido muchas historias, que aún se expresa en la memoria popular a 187 años después, pues este evento no ha perdido vigencia en Pasto

Por ejemplo, se sabe que muchos pastusos, que eran dueños de grandes fortunas, trataron de esconder sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Sin embargo muchos dueños terminaron siendo asesinados y llevándose a la tumba la ubicación de tales bienes de gran valor. Siendo así que una gran cantidad de tesoros, especialmente en monedas de oro, todavía esperan ser descubierto, por lo que suelen haber cazadores de tesoros ocasionalmente por la capital de Nariño.[13] Aquellas búsquedas son reforzadas por el hecho de que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en los patios de antiguas casonas coloniales, evidenciando que hay mucho aún por descubrir y desenterrar en la ciudad.

Tal fue la masacre, que la Calle del Colorado obtuvo su nombre para recordar la cantidad de sangre que allí fue derramada por las víctimas pastusas durante la Navidad Negra, pues la calle quedó "colorada en sangre". La masacre fue recordada en el Carnaval de Blancos y Negros con la carroza “El Colorado”, cuyo artesano, Carlos Ribert Insuasty, ha sido el ganador en las ediciones del 2015 y 2018.[21][3]Para la ocasión, analistas pastusos como Fabio Arévalo Rosero dijeron:[22]

“Es lo mejor que se ha presentado hasta hoy con respecto a nuestra identidad y no se trata de revanchismo sino de una oportunidad para revisar la historia de Colombia y de comprender que hay sesgos e intereses ocultos (...) [Bolívar] aplicó métodos contrarios a los derechos humanos que hoy habrían sido condenados por la Corte interamericana y los tribunales internacionales que los defienden”

La frase popular “el tiempo de los Rifles” es dicha por la población local para señalar que hay o se aproxima una cruenta catástrofe.

Los pastusos llegaron a desarrollar una tradición de grandes estudios sobre este hecho con una narrativa radicalmente diferente a la dominante de la mitología nacionalista colombiana, habiendo grandes referentes como José Rafael Sañudo, cuyo libro de 1925, Estudios sobre la vida de Bolívar, aún genera impacto en la consciencia de la comunidad literaria de Pasto (además de ser mal visto por historiadores oficialistas al mito bolivariano, como Julián Bastidas Urresty). El escritor Evelio Rosero le rindió un homenaje a Sañudo en la novela, La carroza de Bolívar, premio nacional de novela 2014.[23]Otros historiadores y escritores pastusos (mayormente del Centro de Historia de Pasto) que narran el evento han sido Enrique Herrera Enríquez, Alberto Montezuma Hurtado, Arístides Gutiérrez, Leopoldo López Álvarez, Manuel Dolores Chamorro, etc. Ejemplo de esta narrativa regional, y muy crítica a la imperante en el resto de Colombia, es la obra de Julio Cepeda Sarasty, cuyos textos realizan una compilación de los hechos que expresan el sentir de los pastusos en defensa de su memoria histórica contra la narrativa hegemónica bolivariana:[22]

“El 24 de diciembre de 1822 el pueblo del sur fue invadido, pisoteado y abusado, la libertad se tiñó de sangre, se perfumó de muerte, se vistió de persecución, de masacres y sacrificios. Sobre el pie del Galeras, Bolívar bautizó con muertos las calles, con violaciones las iglesias, con represiones a la valentía; no dejó un sueño vivo porque sólo su sueño era posible, porque la independencia debía depender solamente de sus ideales.

El 23 y 24 de diciembre de 1822, después de rudo combate en el barrio Santiago de Pasto, en horrible matanza que siguió, soldados, hombres, mujeres, niños y ancianos fueron sacrificados y el ejército “libertador” inició un saqueo por tres días, asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. No respetaron los templos donde el pueblo pastuso buscó protección.

Bolívar, quien nos llevó a la llamada libertad, el de la Navidad Negra, el de la temible espada, el del caballo blanco, el de uniforme rojo, el que llenó los ojos de los pastusos de dolor y de llanto, el que dejó cientos de niños huérfanos y una multitud de madres y viudas llorando a sus hombres inmolados. En defensa de sus creencias el pueblo pastuso no secundó la lucha por la independencia, no renunció a sus rancias convicciones por un hombre que los desterró y los humilló hasta la muerte.

El cruel Libertador, el que manchó de muerte las calles, el que nos liberó de la corona pero que nos manchó de miseria, dolor y llanto. La historia de esta patria en construcción nos cuenta que el Libertador asesinó y sacrificó a nuestra pueblo en nombre de la libertad y de la independencia; pero no olvidemos que dejó las huellas de su espada en nuestras gentes, que sometió y humilló nuestros ancestros, que pisoteó nuestro pueblo y que fue el autor de una macabra obra perenne en la memoria de nuestro pueblo”

También la memoria de este evento, aunado a la indiferencia del centralismo bogotano en querer remediar los daños hasta el día de hoy, ha incrementado el regionalismo en Pasto e incluso incentivando algunos grupos nacionalistas de corte separatista, testificado en la frase de Gustavo Álvarez Gardeazábal:"Colombia perderá a Nariño como perdió a Panamá".

Durante el año 2010, se hizo famosa una pintada con la frase "Pastuso ASESINADO por: SIMON BOLÍVAR", que aparecía en varias calles y monumentos de la ciudad.[24]Aquella pintada llegó a tener un gran reconocimiento mundial, siendo cultivado por grandes artistas internacionales como Jean Basquiat.[14]Por otro lado, las autoridades colombianas (como la municipalidad de Pasto) quisieron restar importancia a la controversia que se desató por el mensaje antibolivariano de las pintadas, calificándolos como marginales y pidiendo a los pastusos que traten de ignorar la polémica.[cita requerida]

También se han dado críticas recientes, de parte de intelectuales nariñenses y la prensa pastusa (como Roberto José Segovia Benavides, Enrique Herrera Enriquez o el diario regional Página 10[25]), contra los indignos homenajes que se le ha rendido a Bolívar y Sucre por parte de las autoridades regionales de Pasto, al erigirles estatuas y ofreciéndoles discursos para lisonjearlos. Dichos actos son considerados, por parte de de estos críticos, como actos humillantes a la memoria regional, e incluso una "estupidez" con tal de satisfacer a los dirigentes «bolivarianos colombianos», ya sean nacionales como regionales. Además, para el año 2022, grupos de intelectuales nariñenses estuvieron proponiendo a las autoridades pastusas el que se de conmemoración del bicentenario de la Navidad negra con actos reivindicatorios y académicos sobre tal evento trascendente y adverso.[25]

El impacto de este evento ha hecho que muchos en Pasto reivindiquen su hispanidad[26] y no se sientan avergonzados de haber defendido la causa realista[27], incluso en grupos de izquierda, como expresa el médico y escritor, Fabio Arévalo Rosero (simpatizante de ideas progresistas), al decir que: “Nariño era como una segunda España donde chapetones y criollos vivían en armonía. No existían siervos ni vasallos. Sólo una feliz convivencia”::[22]

Incluso en grupos de aficionados al deporte, como páginas de Facebook reuniendo aficionados de la Asociación Deportivo Pasto, comparten el hecho por motivos tradicionales.[28]

Algunas bandas musicales, como el grupo folk Bambarabanda, suelen apelar a Agualongo, y su resistencia a la injusticia sufrida en Pasto, como una figura inspiradora para sus mensajes con protesta social.[3]También se ha propuesto la canonización de los llamados "mártires de la Navidad Negra", siendo el padre Manuel Dolores Chamorro, y un grupo relevante de sacerdotes nariñenses, los que lideran con más firmeza esa causa, teniendo el patrocinio del Centro de Pensamiento Libre.[29]. Además, se han dado homenajes religiosos de parte de católicos tradicionalistas a los considerados "mártires pastusos", como las que han hecho carlistas de la Comunión Tradicionalista[30][31], o el publicado por el Círculo Quitense y el Círculo Hispanista de Pasto, para el 27 de diciembre de 2022, en la Iglesia Santiago Apóstol.[32]

Por otro lado, una vez consolidado el gobierno republicano, se empezó una deliberada estigmatización contra los pastusos, pues las elites liberales consideraban que su convicción de los pastusos por la causa contrarrevolucionaria era un atentado contra la razón y un sin sentido lógico de un pueblo "incivilizado y fanático", lo que posteriormente se transformó en una caricaturización de los mismos y que continúa vigente en la sociedad colombiana con estereotipos discriminatorios de que son "brutos", "retrogradas" e "ignorantes", que no forman parte de la nación colombiana al ser indios más familiarizados con Ecuador y Perú.[33]

También en la intelectualidad nariñense contemporánea se ha buscado reaccionar contra los discursos preconcebidos de la historiografía oficial que se les ha querido imponer por parte de la educación nacional en Colombia, afirmando que la educación, impartida por la República de Colombia, ha tenido como objetivo el intento de minimizar los hechos ocurridos (sobre todo los referidos con la independencia hispanoamericana), apelando en los libros escolares a historiadores de Bogotá y Venezuela, con sesgos bolivarianos, que han generado desconocimiento a la historia local y regional en la cultura popular del resto de Colombia y los países bolviarianos.[14]Escritores como Evelio Rosero denuncian la existencia de intentos del gobierno en censurar y desprestigiar la historiografía pastusa (sobre todo la obra de José Rafael Sañudo), por lo que este ha exigido un "compromiso moral y de justicia con el pueblo nariñense, que reclama que la historia vivida sea contada y reconocida, después de que, por décadas, se buscó borrarla y enterrarla para conservar la imagen pública que se quiso esculpir de El Libertador".[22]Historiadores como José Manuel Restrepo o José María Espinosa serían referentes de ese discurso parcializado contra la memoria pastusa.[3]

Referencias

  1. Miranda, Boris (26 de diciembre de 2019). BBC News, ed. «Qué fue la "Navidad negra" de Colombia (y qué tuvo que ver Simón Bolívar en ella)». Consultado el 23 de agosto de 2022.
  2. Zamora, Augusto (2020). «Indígenas, el botín de guerra de las oligarquías». Malditos libertadores: Historia del subdesarrollo latinoamericano. Siglo XXI de España Editores.
  3. https://www.las2orillas.co/la-navidad-del-rencor/
  4. https://pagina10.com/web/la-primera-entrada-del-general-simon-bolivar-a-pasto-la-carta-a-santander/
  5. Andrade, Roberto (1984). Historia de Ecuador, Parte 2. Corporacion Editora Nacional. p. 20. «Citado por Roberto Andrade en Historia de Ecuador, Parte 2. Tomado de Archivo de Santander, Tomo VIII, P.21 ».
  6. «En el carnaval de Pasto una herida abierta de casi 200 años». Portafolio.co (Colombia: Casa editorial El Tiempo). p. http://www.portafolio.co. Consultado el 13 de mayo de 2018.
  7. Enrique Herrera (23 de diciembre de 2017). «La macabra navidad negra de Pasto. La toma militar a sangre y fuego». http://pagina10.com/web/. Consultado el 13 de mayo de 2018.
  8. Lozano, Pilar (2019). La historia, los viajes y la abuela. Colombia: Penguin Random House Grupo Editorial.
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